¿SABÍAS QUE PUEDES ESTAR SUFRIENDO MÁS ESTRÉS DEL QUE PENSABAS?

Normalmente, cuando hablamos de estrés todo el mundo piensa en el estrés emocional y mental: trabajo excesivo, problemas familiares, facturas por pagar, fechas límites, exámenes, preocupaciones, discusiones, pérdidas…

El problema es que todo esto no se queda solo en “nuestra cabeza”.

Nuestro cuerpo está preparado para defenderse y luchar contra amenazas. Nuestros ancestros tenían que defenderse de animales salvajes, vivían en la intemperie, había luchas territoriales, etc. Y estamos preparados para afrontar este tipo de situaciones huyendo, peleando, corriendo. Que te persiga un tigre… ¡eso sí que es estrés! ¿no?

En esta respuesta ante el peligro intervienen diferentes hormonas, neurotransmisores, órganos y sistemas que tienen que entrar en acción para salvarnos la vida.

Pero, a diferencia de en la vida moderna, en la antigüedad estas amenazas estaban limitadas en el tiempo. Había una situación con una alta carga de estrés y luego se acabó. Volvíamos a una situación de tranquilidad en la que sanábamos nuestras heridas, nos nutríamos, descansábamos y seguíamos con nuestra vida.

Hoy en día esto no es así. Vivimos en un estado de continuo estrés, quizás no tan intenso pero sí mantenido en el tiempo. Y el problema es que nuestro cuerpo pone en marcha todos los mecanismos necesarios para echarse a correr, a luchar o a huir de manera permanente. Y esto supone que deja de lado otras funciones igual de importantes para cuando la amenaza pase: sanar, digerir, reproducirse, descansar, etc. Pero ¿Y si no pasa? ¿Y si después de una “amenaza” viene otra, otra factura que pagar, otra fecha de entrega, otra discusión, otro disgusto?

Pero aquí no acaba la cosa. ¿Y si además te dijera que estrés no es sólo esto? En tu cuerpo pueden estar pasando cosas de las que no eres consciente y que él vive como otras “amenazas”. Y aunque estas amenazas pueden ser muchas y diferentes yo las englobo en las siguientes categorías:

  • Toxinas. Vivimos en un mundo contaminado, lleno de partículas, moléculas y metales para las que nuestro cuerpo no está preparado. El humo en el aire que respiramos, los plásticos que lo inundan todo, los aditivos en nuestra comida, los fármacos que debemos tomar, pesticidas, metales pesados… La lista sigue y sigue. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, estamos expuestos a cientos de moléculas “raras”. ¿Has leído los nombres de los ingredientes de tu champú o tu pasta de dientes? ¿puedes pronunciarlos? Desgraciadamente, no todas estas moléculas son inocuas para nuestra salud.
  • Problemas digestivos. ¡Ay, amigas y amigos! ¡Qué importante es la salud de nuestro aparato digestivo! ¿Sabías que si estiráramos nuestro intestino tendría la superficie de 2 canchas de tenis? Y esta superficie es nuestra principal puerta de entrada. A través de ella nuestro cuerpo interacciona con la comida y con la flora que vive ahí dentro para obtener los nutrientes que necesita. Es nuestro sistema aduanero. Cualquier problema aquí genera desequilibrios a gran escala en el cuerpo entero. Así que ¡cuídalo!

Hay dos cosas que pueden pasar en esa gran superficie que nuestro cuerpo siente como una amenaza: problemas en la flora intestinal y presencia de alimentos que nuestro cuerpo no tolera.

De todo esto os hablaré más en el blog. Detectar problemas digestivos y resolverlos, son uno de los pilares en mi forma de trabajar.

La salud del intestino es la raíz, la base para que el resto de nuestro organismo funcione bien. Así que no infravalores cualquier síntoma a este nivel.

  • Y el último grupo de amenazas posibles son infecciones latentes que pueden tener a tu sistema inmune ocupado y despistado: el virus del Epstein-Barr, el Citomegalovirus, exposición a hongos, parásitos… No hay que subestimar a estos bichitos.

Según escribo esto estoy pensando: ¿no estaré generando aún más estrés a la gente que lo lea? ¿Tantas cosas pueden estar afectándonos? ¡Que no cunda el pánico! Quiero que el principal mensaje que saques de esto es que ¡estás de enhorabuena! Si detectas cuáles son tus debilidades, podrás trabajar sobre ellas para que dejen de darte problemas y así recuperar tu salud, que es de lo que se trata.

Imagina que tu casa se inunda. La solución no está en ir sacando agua con un cubo por la ventana, que sería tratar sólo el síntoma. La solución es buscar el grifo abierto y cerrarlo.

Así que te animo a que te pongas tu gorra de detective y que te prepares para desenmascarar las trabas que pueden estar impidiéndote estar al 100%.

¿Has estado sometida a altos niveles de estrés de manera prolongada?

¿Llevas tiempo sufriendo problemas digestivos como gases, hinchazón, colon irritable, ardor, etc.?

¿Vives en un entorno urbano con altos niveles de contaminación? ¿Por tu trabajo estás expuesto o expuesta a productos químicos?

¿Tienes brotes de herpes labial de manera recurrente? ¿Has pasado la mononucleosis infecciosa (o enfermedad del beso)?

Si todo esto resuena contigo y crees que necesitas soporte siempre puedes concertar una sesión de descubrimiento conmigo. En ella descubriremos si puedo ayudarte.

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HOLA,
SOY ANA

Médica y consultora nutricional

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Durante los últimos 15 años he trabajado en distintos hospitales haciendo una medicina que no me satisfacía plenamente.

Por eso ahora trabajo de manera diferente.

Trato de conocer al paciente de una manera integral para descubrir la raíz de sus problemas, identificar sus características únicas y así poder diseñar un plan acción individualizado, holístico y efectivo.

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