Estrés y salud intestinal: ¿está todo en tu cabeza o en tu intestino?

Seguro que si tienes problemas digestivos y no ven nada en las pruebas que te realizan, te han acabado diciendo que son los nervios, el estrés… Generalmente cuando te dicen esto, interiormente están pensando: no tienes nada, todo está en tu cabeza. Y si esto te ha pasado, seguro que te ha causado gran frustración y desesperanza.

Hoy te quiero explicar que, quizás sí, tus síntomas son por estrés, pero que no, no está todo en tu cabeza.

Efectos del estrés sobre el intestino.

El estrés no siempre es malo. Tener algo de estrés puede ser bueno: nos motiva, nos da ese puntito extra que puede llevar a superar retos, a motivarnos. Imagina un o una atleta en la línea de salida antes de una carrera. Un nivel justo de estrés, o como muchas veces se dice, de adrenalina, le va a ayudar a tener sus cinco sentidos en la carrera, los músculos en tensión, el corazón y los pulmones listos para el esfuerzo. O piensa en el equipo de dirección de una empresa. El estrés puede impulsarlos a ser más creativos, a tener nuevas ideas, nuevos proyectos. La falta total de estrés puede resultar en apatía, desmotivación e incluso depresión.

Pero cuando el estrés se mantiene en el tiempo o no tenemos herramientas para manejarlo, tiene un impacto muy negativo sobre la salud en general y digestiva en particular. Porque cuando el cuerpo se prepara para afrontar una situación de peligro, una amenaza, deja aparcadas ciertas funciones que considera que en ese momento no son tan importantes, para así poder dirigir toda su energía a huir, atacar o defenderse. ¿No has oído nunca historias de personas que en momentos de estrés extremo han mostrado una fuerza o agilidad que nunca antes habían podido ejercer?

Cuando el cuerpo está en peligro piensa: ya digeriré la comida, sanaré las heridas o tendré descendencia cuando pase el peligro. Por eso, las digestiones, el equilibrio hormonal y el sistema inmune sufren mucho con el estrés prolongado. Vamos a ver en concreto cómo afecta al intestino.

  • El estrés disminuye la producción de saliva. ¿Has notado que antes de un examen la boca se te seca? La saliva es muy importante para la salud de la boca y, como comentábamos en otro post, ayuda a neutralizar el pH ácido del estómago que pasa al esófago, ayudando a prevenir la enfermedad por reflujo gastroesofágico.
  • Altera la secreción de ácido en el estómago. En alguno de los casos podría aumentarla, aunque parece ser que en la mayoría de los casos, la disminuye, produciendo hipoclorhidria. La hipoclorhidria, el poco ácido en el estómago, hace que digiramos peor, altera la absorción de hierro y vitaminas y puede alterar la microbiota, favoreciendo la aparición de SIBO.
  • Disminuye la producción de la capa de moco que protege la mucosa gástrica, pudiendo aparecer gastritis y hasta úlceras.
  • Disminuye la motilidad intestinal. Con esto también empeoran las digestiones. Tampoco se limpia bien el intestino, pudiendo desarrollarse SIBO también por esta razón. Ya hemos hablado de que las alteraciones de la motilidad son una causa frecuente de SIBO.
  • El páncreas también segrega menos enzimas digestivas.
  • El sistema inmune no funciona bien, por lo que no es capaz de regular bien la microbiota, favoreciéndose las disbiosis. Pueden aparecer también alergias o problemas autoinmunes en personas predispuestas.

Es decir, el estrés prolongado puede favorecer todo tipo de enfermedades digestivas:

  • Problemas en la boca
  • Enfermedad por reflujo gastroesofágico
  • Gastritis y úlcera gástricas
  • SIBO
  • Sensibilidades alimentarias, brotes de enfermedades autoinmunes, alergias
  • Disbiosis, sobrecrecimientos fúngicos
  • Trastornos del eje intestino cerebro: dispepsia funcional, colon irritable, etc.

Hablaremos con más detalle del estrés y el intestino. De los mecanismos por los que se producen estas alteraciones y de como conseguir revertir esta situación. Estad atentas y atentos…

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HOLA,
SOY ANA

Médica especializada en SIBO

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Durante los últimos 20 años he trabajado en distintos hospitales haciendo una medicina que no me satisfacía plenamente.

Por eso ahora trabajo de manera diferente.

Trato de conocer al paciente de una manera integral para descubrir la raíz de sus problemas, identificar sus características únicas y así poder diseñar un plan acción individualizado, holístico y efectivo.

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